viernes, 8 de octubre de 2021
jueves, 3 de diciembre de 2020
El novelero (Novela, 2015)
Una vez en un concierto de metal del que no quiero acordarme, alguien me preguntó a qué te dedicas y yo le respondí que era novelero. Todos se rieron, excepto yo, porque expliqué que era novelero porque me dedicaba a escribir novelas. De esto se trata esta novelita, de un personaje que trata de sobrevivir vendiendo sus libros como escritor mugroso muerto de hambre, frente a la presión de su familia para que consiguiera un trabajo de verdad.
Las mil y un mujeres (Cuentos, 2010)
La mayoría de cuentos fueron trabajados en la época en la que estuve en el taller de literatura del poeta arquitecto shaman metafísico comunicador social pedagogo aspirante a concejal y famoso jaguarundi Diego Velasco (2008-2011).
Fútbol Mixto (Novela, 2014)
Después de que gané el Premio Universidad Central en el año 2014 con mi novela hasta ahora 2020 inédita La Ciudad Sin Dinero, en la que retrato una ciudad sin dinero en Zámbiza en el año 2064, con putas, locos científicos y literatos desquiciados en los basurales de Zámbiza, gané dos mil dólares que me permitieron publicar mi novela Fútbol Mixto (Sí, la Central no publicó nunca mi novela, y nadie la ha leído. La Central no es la Cato, huevón) Esta novela trata del tema de realizar un partido de fútbol mixto, entre hombres y mujeres, luego de una bronca entre las barras bravas de Barcelona y Liga de Quito. Esta novela vendí, mejor dicho mal vendí 1000 ejemplares pero me permitió viajar por diferentes ciudades como un pobre y triste solitario, vendiendo en universidades y autobuses. El famoso escritor mexicano Juan Villoro asistió a la presentación de mi novela, si no me creen entren a este enlace:
La mosca revolucionaria (Manifiesto revolucionario, 2008)
Corrían mis veinte años cuando lo escribí y veinte y un años cuando lo reescribí. Pura hormona, puro éxtasis y borracheras los bares de la central y la Zona fueron mi inspiración. Enamorado en ese entonces de una chica de artes de la Universidad Central del Ecuador, aunque el enamoramiento me duró una semana y media fue suficiente para dedicarle este manifiesto revolucionario tragicómico, que ella destrozó como toda una hippie con sus converse irredentos. Entonces, uno, despechado escribió este manifiesto antiamor, antipsicología, antipedagogía, antitodo. Pobre de mí, un iluso veinteañero ahogado por el arte.
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